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A big-nosed troll
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Check out my travel guide to Iceland following my recent trip to the country!

(in Spanish)
 
Hola de nuevo,

Aquí estoy de vuelta con la entrega islandesa. Parece mentira que ya hayan pasado dos meses de nuestro viaje a Islandia.

Jueves 28 y viernes 29 de enero

Junto a mis amigas del Banco Mundial Christina y Roxanne, salimos un jueves por la tarde desde Washington DC hacia Baltimore, a apenas una hora en taxi. Sobre las 18h30 despegábamos rumbo al aeropuerto Keflavik en Reykjavik en un vuelo de Wow Airlines, lo más parecido a Ryanair que he visto en mucho tiempo. Lo bueno es que sus vuelos son baratos aunque evidentemente casi todo a bordo es de pago (la comida, los ordenadores para ver películas, etc). En unas 5-6 horas aterrizamos en Islandia, muertas del cansancio. Hicimos tiempo en el aeropuerto un par de horas y desayunamos en Joe & the Juice.
 
Una de las primeras sensaciones al llegar a Islandia fue que todo era extremadamente caro, nada de extrañar teniendo en cuenta que es una isla remota y casi todo es importado. Otra apreciación rápida y evidente al poner un pie fuera del aeropuerto era que hacía mucho frío y viento. También se hacía raro que a las 8:30 de la mañana fuera de noche aún y que hubiera luz de 10h a 17. Pero bueno, podia haber sido peor y sabíamos a lo que íbamos…
 
Tras reponer fuerzas, a las 8h30 tomamos el bus con Reykjavik Excursions con dirección a la Blue Lagoon. La parada estuvo genial. Fue muy chulo el bañarse en agua calentita cuando fuera hacía un frío terrible. Nos juntamos allí con nuestra amiga Birgit y al final nos pasamos toda la mañana en la laguna, entre baños de vapor y sauna, máscaras de algas y bebidas orgánicas. Tras las horas de relax, volvimos a tomar el autobús de Reykjavik Excursions, esta vez hacia la capital. Llegamos al Hotel Skuggi y dejamos nuestras maletas.
 
Reykjavik es una capital de estilo nórdico y no se veía mucha gente, ni en la calle ni en las carreteras. Desde luego el frío y el viento polar no invitaban mucho a pasear. Recorrimos parte de Laugavegur, la calle comercial, nos acercamos a la iglesia luterana Hallgrímskirkja y subimos a su campanario, desde donde hay muy buenas vistas de la ciudad. Después seguimos la vuelta por Laugavegur y algunas calles secundarias, con sus tiendas monas y sus casitas de colores, y cenamos en Old Iceland (Laugavegur,72). Esta fue una recomendación de la recepción del hotel y dieron en el clavo. De hecho, nos gustó tanto que repetimos al día siguiente. Yo tomé una sopa típica de allí a base de cordero, patatas y zanahorias y mis amigas pidieron platos de pescado, todos buenísimos. El par de postres que pedimos (la crema catalana y el skyr, una especie de yogur griego a la islandesa) también estaban espectaculares.
 

 
Para rematar aquel día sin parar, decidimos probar suerte con las auroras boreales. Dado que verlas es muy complicado y depende mucho del tiempo, nos unimos al tour organizado por el hotel aquella noche. Nos fuimos en bus a una hora de Reykjavik, concretamente al Parque Nacional de Þingvellir, y lo cierto es que nos fue bastante difícil discernirlas a simple vista. Vimos algunas luces pero la cámara de mi amiga Christina sí que las captó con mucha más claridad. También os digo que a los 15 minutos de estar ahí afuera chupando frío y viento polar (la sensación era de -11C), decidimos esperar en el bus hasta que las auroras decidieron volver a hacer acto de presencia otro par de veces.
Menos mal que las medio vimos aquel viernes porque el sábado se nos hizo muy tarde después de la excursión y el domingo estuvo demasiado nublado como para ver nada. Como bien dice el refrán ‘no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy´.
 
 
Sábado 30 de enero
 
A modo de introducción, contaros que Islandia cuenta con apenas 330.000 habitantes, lo cual no es de extrañar en una isla tan remota y con un clima tan inhóspito para la agricultura y la subsistencia en general. Su paisaje es espectacular y diverso, contando con innumerables cascadas, glaciares y géisires y convirtiéndolo en una fuente muy abundante de recursos energéticos naturales. La isla formó parte de los reinos de Noruega y Dinamarca hasta que se independizó de esta última en 1944. De hecho la lengua islandesa guarda parecidos con el noruego. También es curioso señalar que Islandia no cuenta con ningún ejército permanente y que posee uno de los indices más altos de coche per cápita.
 
Volviendo al relato islandés, el sábado tocó madrugar para ir a la excursión de los glaciares por la costa sur de Islandia. A las 7h ya estábamos desayunadas y en el autobús, listas para la aventura de ese día. Estuvimos en ruta como una o dos horas, en plena oscuridad, entre esplanadas nevadas sin nada ni nadie a la vista salvo unos cuantos caballos islandeses, hasta que por fin llegamos a la cascada Seljalandsfoss. Allí afuera hacía un frío horrible, y eso que yo llevaba 3 capas de ropa (mallas térmicas, leggins y vaqueros). Luego paramos cerca de allí, en una granja en Porvaldseyri y en la cascada Skógafoss. Todo el paisaje era espectacular, lleno de nieve y hielo. Pasamos por el pueblo de Vik y el volcán Hekla y vimos el pico más alto de Islandia, al lado del restaurante donde paramos a comer.
Tras llenar el estómago y entrar en calor proseguimos la excursión. Llegamos al glaciar Fjallsárlón, impresionante con sus icebergs y bloques de hielo milenarios. Cerca de allí se encuentra la Diamond Coast, con sus playas surrealistas de arena negra (por la lava) y los bloques de hielo. Ya por la noche estábamos de vuelta en la capital y repetimos cena en el restaurante Old Iceland, donde probé la cerveza Viking Lager y el ling with root vegetables and parsnip purée. Después rematamos en el cercano Kaldi Bar (Laugavegur, 20 b), donde hicimos buenas migas con un local muy simpático, Alfred.
 

Domingo 31 de enero
El domingo tocó volver a madrugar para el tour del Golden Circle. Nuestra primera parada de buena mañana fue en el cráter de un antiguo volcán, ya transformado en lago helado. Allí hacía mucho pero que mucho frío y viento, unos -13C. Luego estuvimos en la cascada de Faxi, muy bonita también. Ya sobre la hora de comer paramos en Geysir, una zona de géiseres. Tuvimos la suerte de ver al géiser más grande expulsar agua a presión. Eso sí, el holor a azufre era horrible y para variar, hacía un frío de mil demonios.
 
Ya por la tarde visitamos otra de las impresionantes cascadas, la de Gullfoss. Eso sí, menos mal que había centros de visitantes con tienda y calorcito en cada sitio que visitamos… Nuestra última parada del domingo fue en el Parque Nacional de Þingvellir. Éste es uno de los lugares históricos más importantes de Islandia. Aquí se reunía anualmente el  antiguo parlamento vikingo y se proclamó la independencia del país en 1944. Además en este enclave se aprecian claramente las particularidades tectónicas del lugar, con algunas fallas tan grandes que incluso forman un cañón. Ésta es la causa de los habituales terremotos en la zona.
 
Tras la excursión volvimos a Reykjavik y nos juntamos con unos amigos de nuestra amiga Birgit en el restaurante Kol (Skólavörðustígur,40), donde disfruté un montón del risotto de hongos, el pato y el tartare de chocolate.
 

Lunes 1 de febrero

Nuestra última mañana en Islandia la aprovechamos para pasear por el puerto de Reykjavik y hacer unas compras por Laugavegur. Luego ya nos tocó volver al aeropuerto para emprender el viaje de regreso a tierras americanas. Nuestro vuelo se retrasó un par de horas pero finalmente aterrizamos en  Baltimore, y de ahí nos volvimos a DC. !Os recomiendo mucho el viaje a Islandia, aunque si os toca ir en invierno, mejor que os lo penséis dos veces jeje!
 

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 Aquí quedan apuntadas recomendaciones de amig@s sobre sitios que visitar que nos quedaron pendientes:
– turisteo en Reykjavik: mercadillo de Kolaportid (probar el tiburón fermentado y el salmón y la trucha ahumados), el Museo Nacional de Islandia, la sala de conciertos Harpa.
 

– otras zonas de turisteo: el lago Myvatn, los castillos negros de Dimmuborgir, el volcán Hverfjall, la roca volcánica Grjótagjá, el parque nacional Jökulsárgljúfur, el río Jökulsá, Ásbyrgi y Dettifoss; Akureyri, Reynihlíd, Fjöllum.

restaurantes: Dill Restaurant, Meze (turco), Gallery (en el hotel Holt; cocina franco-irlandesa), puesto de perritos calientes en el centro de Reykjavik, Sushi Bamba (restaurant japonés con un toque brasileño; además cuenta con menu islandés con platos como el puffin, o ballena), Vegamót (Vegamotastig 4), Tiu Dropar(Laugavegur 27), Kopar restaurant (en la zona del puerto), Reykjavik fish (Trggvagata 8)

– cafeterías y bares: Islenski barinn, Rosenberg cafe (Klapparstigur), Lebowski bar (Laugavegur,20a), American Bar, Lavabarinn (Laekjargata 6a), English pub (Austurstraeti, 12), Den danske kro, Loftid (bar/lounge)

– comida por probar: bitafiskur (pescado seco), black death snaps.

– compraslopapeysa, los típicos jerseys de lana islandeses.

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